
Cada 7 de setiembre se conmemora en el Perú el Día de los Derechos Cívicos de la Mujer, una fecha que recuerda la conquista del derecho de las mujeres a participar, elegir y ser elegidas.
En ALWA, esta fecha tiene un significado que va más allá de recordar un hecho histórico.
Trabajamos todos los días conectando personas con oportunidades laborales y acompañando a empresas en la búsqueda del talento que necesitan. Por eso, hablar de participación también es hablar de acceso, crecimiento profesional y de la posibilidad de demostrar de lo que una persona es capaz cuando encuentra un espacio para hacerlo.
Y la historia de las mujeres peruanas nos muestra precisamente eso: cómo cambian las posibilidades cuando comienzan a abrirse espacios que antes estaban cerrados.
De no poder participar a comenzar a ocupar espacios
El 7 de setiembre de 1955 se promulgó la Ley N.° 12391, que permitió a las mujeres peruanas alfabetizadas ejercer el derecho al voto y también presentarse como candidatas.
Un año después, en las Elecciones Generales de 1956, 531,541 mujeres votaron por primera vez, representando aproximadamente el 34 % de quienes participaron en aquel proceso electoral.
Pero ocurrió algo todavía más simbólico: no solo participaron como electoras.
Nueve mujeres llegaron por primera vez al Congreso de la República: una senadora y ocho diputadas.
Para nosotros, ese momento representa algo que también vemos constantemente en el mundo laboral: la importancia de que exista una primera oportunidad.
Una primera mujer en un equipo.
Una primera supervisora.
Una primera ingeniera en determinada operación.
Una primera gerente.
Una primera persona que rompe una barrera y hace que, para quienes vienen después, ese camino deje de parecer imposible.
El talento siempre estuvo ahí. Las oportunidades no siempre
Desde selección y headhunting, hay algo que en ALWA tenemos muy presente: las capacidades de una persona no aparecen cuando alguien decide contratarla.
El talento ya estaba ahí.
Lo que cambia es la oportunidad de demostrarlo.
Por eso, cuando hablamos del Día de los Derechos Cívicos de la Mujer, no queremos limitar la conversación al voto. Queremos rescatar una idea que sigue teniendo vigencia en el mundo del trabajo: participar también significa poder acceder a los espacios donde se aprende, se decide, se lidera y se construye una trayectoria profesional.
Hoy millones de mujeres forman parte activa del mercado laboral peruano.
Durante 2025, alrededor de 7.8 millones de mujeres se encontraban trabajando en el país, representando cerca del 45 % de la población ocupada nacional. Además, el empleo femenino creció 1.8 % frente al año anterior.
Es una evolución positiva, pero los datos también muestran que todavía existen espacios por conquistar.
Por ejemplo, según cifras del INEI, en 2024 las mujeres representaban alrededor del 35.7 % de quienes ocupaban cargos directivos.
Esto nos recuerda que incorporar talento femenino no consiste únicamente en aumentar un número dentro de una organización. También implica generar condiciones para que más mujeres puedan desarrollarse, asumir responsabilidades y llegar a posiciones donde su experiencia y capacidad tengan impacto.
Para ALWA, seleccionar también implica ampliar posibilidades
Cada proceso de selección tiene una consecuencia que va mucho más allá de cubrir una vacante.
Para una empresa puede significar encontrar a la persona que impulse un área, resuelva un problema o fortalezca un equipo.
Para un candidato o candidata puede significar el inicio de una nueva etapa profesional.
Por eso, desde ALWA creemos en procesos donde la conversación comience por aquello que realmente importa:
¿Qué sabe hacer esta persona?
¿Qué experiencia tiene?
¿Qué puede aportar?
¿Tiene el potencial que requiere la posición?
Cuando el foco está en las competencias, la experiencia y el potencial, ampliamos las posibilidades de encontrar talento que quizá no encaje con la imagen tradicional que durante años se asoció a determinadas posiciones o industrias.
Y esto cobra especial relevancia en sectores donde trabajamos constantemente, como minería, ingeniería, operaciones y posiciones técnicas, que históricamente han contado con una presencia masculina mucho mayor.
Cada vez que una mujer encuentra allí una oportunidad para desarrollar su carrera, no solamente cambia su trayectoria. También ayuda a normalizar una realidad en la que el talento puede venir de perfiles cada vez más diversos.
Más mujeres trabajando, creciendo y liderando
Los últimos datos también muestran señales positivas.
Entre enero y noviembre de 2025, el empleo formal femenino en el sector privado peruano creció 7 %, incorporando aproximadamente 103 mil nuevos puestos de trabajo ocupados por mujeres respecto al mismo periodo del año anterior.
Para ALWA, cifras como estas importan porque detrás de cada número hay una historia profesional.
Hay una mujer que consiguió su primer empleo formal.
Otra que cambió de empresa.
Otra que ingresó a un sector nuevo.
Otra que asumió por primera vez la responsabilidad de liderar un equipo.
Y otra que probablemente todavía está buscando esa oportunidad.
Ahí es donde organizaciones, líderes y especialistas en selección también tenemos un rol.
No se trata de elegir a alguien únicamente por ser mujer. Se trata de procurar que ninguna candidata con las capacidades necesarias quede fuera de una oportunidad simplemente por prejuicios, estereotipos o ideas históricas sobre quién “debería” ocupar determinado puesto.
Abrir una oportunidad puede cambiar una trayectoria
En 1955, reconocer un derecho abrió la puerta para que miles de mujeres participaran por primera vez.
En 1956, nueve de ellas cruzaron otra puerta y llegaron al Congreso.
Décadas después, el contexto es completamente distinto, pero hay una idea que permanece:
los espacios importan porque permiten que el potencial se convierta en acción.
Desde ALWA queremos contribuir, desde nuestro propio ámbito, a construir un mercado laboral donde más personas encuentren oportunidades acordes con lo que saben hacer y con todo aquello que todavía pueden llegar a desarrollar.
Porque una oportunidad laboral puede significar experiencia.
La experiencia puede convertirse en crecimiento.
El crecimiento puede abrir espacios de liderazgo.
Y cuando el talento encuentra dónde desarrollarse, puede transformar no solo una carrera, sino también equipos, organizaciones y nuevas posibilidades para quienes vienen después.
Ese es el poder que vemos en el talento.